Dio vuelve a incumplir promesas, esta vez a Francisco Peña. Clientelismo en vivo y en directo: el video que lo dice todo
Un corto de video del alcalde de Santo Domingo Oeste, Francisco Peña, ha vuelto a poner sobre la mesa una de las prácticas más arraigadas y menos disimuladas de la política municipal dominicana: el trueque de puestos públicos.

En el material, Peña no dialoga con nadie. Habla solo. Se queja de que el alcalde de Santo Domingo Este, Dío Astacio, no le ha cumplido con la colocación de su hermano en la nómina de esa demarcación. Y, como consecuencia, advierte que cancelará o desvinculará al pastor que el propio Astacio le había recomendado para un cargo en el Ayuntamiento de Santo Domingo Oeste.
No hay negociación en tiempo real. Hay un reclamo unilateral y una amenaza clara: “si tú no me cumples, yo te quito lo tuyo”.
Un estilo que no sorprende
Francisco Peña no es un desconocido en esto. Durante años se le ha señalado como uno de los alcaldes más clientelares de la Gran Santo Domingo. Su forma de gobernar ha estado marcada, según múltiples denuncias y reportes, por el uso intensivo de empleos, contratos y favores como herramienta para construir y mantener redes de lealtad política.
Por eso el video no resulta extraño. Resulta coherente. Cuando un dirigente acostumbrado a manejar la nómina como botín personal se siente defraudado en un “acuerdo”, reacciona exactamente como se le ha visto reaccionar: con presión y amenaza de desvinculación.
Las preguntas que el video obliga a hacer
¿Es así que se hacen este tipo de trueques?
¿Los cargos municipales se intercambian entre alcaldes como si fueran propiedades privadas? ¿El ciudadano que paga impuestos debe resignarse a que las nóminas se conviertan en moneda de cambio entre dirigentes?
¿El pastor recomendado por Dío Astacio y colocado en Santo Domingo Oeste es del PRM?
Si fue propuesto por el alcalde de Santo Domingo Este, ¿pertenece al mismo partido o se trata de un “pastor independiente” que terminó acomodado gracias a la intermediación política?
¿El hermano de Francisco Peña que aún no ha sido colocado también es del PRM?
¿Se trata de un militante con derechos partidarios o simplemente de un familiar del alcalde que espera su cuota de poder?
¿Por qué, una vez más, aparece Dío Astacio en el centro de una acusación de promesa incumplida?
Aunque el reclamo provenga de un alcalde con reputación clientelar, la pregunta permanece: ¿por qué un alcalde que además es pastor vuelve a ser señalado por no cumplir compromisos relacionados con colocaciones?
Más que un escándalo, un síntoma
El episodio no es solo la historia de dos alcaldes discutiendo por puestos. Es la confirmación pública de una cultura política que sigue tratando los empleos municipales como fichas de negociación personal.
Cuando un alcalde se siente con el derecho de amenazar con “cancelar” a alguien porque otro no le cumplió un favor familiar, el problema ya no es de dos personas. Es de un sistema que normaliza el clientelismo y lo exhibe sin complejos.
La diferencia entre una negociación discreta y un video que se hace viral es solo de forma. El fondo es el mismo: los puestos no se otorgan prioritariamente por capacidad, necesidad del municipio o mérito. Se otorgan por deudas, lealtades y amenazas.
Y mientras esa lógica siga vigente, videos como el de Francisco Peña seguirán apareciendo. Porque no son la excepción. Son la regla que, de vez en cuando, se deja ver sin filtro.







