A dos años de gestión, el alcalde Dío Astacio “descubrió” que el cementerio de Los Mina se convirtió en guarida de chisperos, con tumbas profanadas y abandono total, mientras el Cristo Salvador también retrocedió tras las mejoras de la administración de Manuel Jiménez. La inseguridad es real: hace días detuvieron a dos asaltantes que intentaron atracar a los asistentes al entierro de la esposa de Julián Oro Duro. ¿Dónde estaba la Policía Municipal y el control de la Alcaldía?
El abandono del cementerio de Los Mina
A dos años de haber asumido la Alcaldía de Santo Domingo Este, el alcalde Dío Astacio parece haber descubierto, como si se tratara de una novedad, que el cementerio de Los Mina (San Vicente de Paúl, sector Vietnam) se convirtió en un refugio de chisperos, consumidores de drogas y delincuentes. Un espacio sagrado transformado en casa de viciosos, con tumbas profanadas, maleza por doquier, basura acumulada en los nichos y un abandono total que ofende la memoria de los muertos y pone en riesgo a los vivos.
El descuido y la ineptitud de la actual administración no son secretos. Familiares y vecinos denuncian que hay que caminar sobre tumbas rotas y entre hierba alta para localizar a sus seres queridos. Nichos abiertos, restos a la vista, grafitis, botellas y objetos personales abandonados delatan que el camposanto funciona también como dormitorio informal y punto de consumo. La vigilancia es mínima o inexistente de noche: “solo unos perritos que ladran”, según vecinos.
Se sobreentiende que la Alcaldía no solo tiene responsables de mantenimiento, sino Policía Municipal. Tiene brigadas, presupuesto y autoridad. Entonces, ¿cómo pudo permitirse que un cementerio municipal se convirtiera en tierra de nadie? ¿Dónde estaban los supervisores, los patrullajes y el seguimiento cotidiano?
En enero de 2026 el Ayuntamiento anunció un operativo de limpieza en el cementerio de Vietnam, reconociendo que estaba “arrabalizado” e invadido por personas que sustraían elementos de los nichos y consumían sustancias. Eso confirma el problema, pero también evidencia que se actuó tarde y de forma reactiva. Las denuncias de basura, inseguridad y deterioro se arrastran desde hace años.
El retroceso en el Cristo Salvador
Durante la administración de Manuel Jiménez, el cementerio de Los Mina y el Cristo Salvador recibieron intervenciones reales: limpieza, remozamiento, recuperación de espacios y un esfuerzo visible por devolverles dignidad. Se recuperó el control y se ofreció a las familias un entorno más digno.
Con la actual gestión, el retroceso es evidente. El gran cementerio Cristo Salvador muestra los mismos síntomas de abandono. El propio alcalde ha sostenido que la responsabilidad de limpiar las tumbas es de los deudos y que la Alcaldía solo se ocupa de las áreas comunes, un argumento que no absuelve al municipio de garantizar condiciones mínimas de seguridad, mantenimiento y respeto.
El contraste es claro: lo que se había recuperado con trabajo constante volvió a deteriorarse. Las bandas de asaltantes regresaron a campamentos funerarios que deberían ser lugares de paz.
Inseguridad y descuido: el colofón de una gestión fallida
La inseguridad no es un asunto abstracto. Hace apenas unos días, durante el sepelio de Zeneida Socorro Castillo, esposa del merenguero Julián Oro Duro, celebrado en el cementerio Cristo Salvador, se detuvo a dos asaltantes que intentaron atracar a los asistentes. El hecho, ocurrido en pleno acto de duelo, pone de relieve hasta qué punto los camposantos de Santo Domingo Este se han convertido en espacios de riesgo, donde ni siquiera el dolor de una familia puede desarrollarse con tranquilidad.
Un cementerio no es un detalle menor. Es el reflejo del respeto que una ciudad tiene por sus muertos y, por extensión, por sus vivos. Cuando las autoridades permiten que se convierta en guarida de chisperos y escenario de profanaciones y atracos, envían un mensaje claro de abandono institucional.
La pregunta sigue en pie: ¿cómo pudo la Alcaldía de Santo Domingo Este, con todos sus recursos y personal, dejar que el cementerio de Los Mina y el propio Cristo Salvador alcanzaran estos niveles de descuido e inseguridad? La respuesta no está en los comunicados de “trabajamos en un plan”. Está en los nichos rotos, en la maleza y en el silencio de quienes debieron prevenirlo.







