Urge proteger del disparate los Símbolos Históricos de la Ciudad o dejar sucumbir cada vez que una «restauración» huela a dinero a gastar.

En Santo Domingo Este, en la zona de Los Mina, existió durante siglos un hito que condensaba memoria, resistencia y fe: la Cruz de Mendoza. Marcaba los límites de la antigua hacienda colonial, estaba ligada a los primeros asentamientos de los Negros Mina desde el siglo XVII y fue escenario de la ejecución de Pedro Seda durante la Rebelión de Mojarra y Mendoza en 1812. Durante generaciones sirvió como punto de referencia religiosa, de procesiones fúnebres y de identidad local. Aunque nunca contó con una declaración formal como monumento nacional, su valor simbólico e histórico era innegable. Constituía un icono de la ciudad.
Precisamente por carecer de protección legal, ese vestigio quedó a merced de decisiones arbitrarias. El entonces alcalde se tomó la “libertad” de cambiar la escultura de este símbolo histórico y transformarla en un disparate que habría costado millones de pesos. Con esa intervención se desfiguró de un plumazo un testimonio vivo de la memoria colonial y afrodescendiente de Santo Domingo Este, sustituyendo la forma original por una estructura ajena a su contexto y significado.
Protección urgente de los símbolos católicos
No es el único símbolo religioso católico que ha sido víctima de cambios, mutilaciones o sustituciones arbitrarias. En periodos en los que parecen existir planes de mutilación de esculturas de santos y ahora de cruces históricas, resulta alarmante la falta de reacción. Las autoridades eclesiásticas, que por su propia naturaleza debieron ser las primeras en protestar y exigir respeto hacia el patrimonio de la fe, han guardado un silencio que resulta especialmente doloroso. La Cruz de Mendoza y otros elementos de valor espiritual e histórico merecen protección legal clara y firme para que no vuelvan a ser objeto de intervenciones que los desfiguren o alteren.
Reclamo al Concejo de Regidores: preservar todos los símbolos históricos de la ciudad
Exigimos al Concejo de Regidores de Santo Domingo Este que asuma de una vez su responsabilidad. Debe preservar todos los símbolos históricos de la ciudad, sin excepción. No basta con propuestas de ordenanzas incompletas. Se necesita un inventario actualizado, declaraciones formales de interés cultural municipal y restricciones claras a cualquier intervención que afecte hitos de valor histórico, religioso o identitario. La memoria de Santo Domingo Este no puede quedar a merced de ocurrencias administrativas ni de gastos millonarios que desvirtúen lo que pertenece a la colectividad.
Reclamo a Efemérides Patrias: omisión ante una escultura alterada
Resulta inaceptable que la Comisión Permanente de Efemérides Patrias no haya tenido en cuenta esta escultura histórica que hoy ha sido mutilada y cambiada de manera meleanaria por las autoridades municipales. Una institución llamada a resguardar la memoria patria no puede permanecer indiferente cuando se altera o desfigura un elemento de tanta carga simbólica. Su silencio o su omisión contribuyen a la desprotección de aquello que debería defender.
Denuncia: las instituciones del Estado deben preservar los símbolos y espacios históricos
Denunciamos que las instituciones del Estado —municipales, nacionales y aquellas vinculadas a la cultura y al patrimonio— tienen el deber ineludible de preservar los símbolos y espacios históricos. La ausencia de mecanismos jurídicos preventivos permite que se alteren monumentos que pertenecen a la memoria colectiva. Mientras no existan inventarios obligatorios, estudios previos, consultas ciudadanas y sanciones efectivas, seguiremos expuestos a que cualquier gestión se tome la “libertad” de transformar testimonios irreemplazables en disparates costosos.
Exigencia de restitución
Se debe abogar de manera inmediata por la restitución de una réplica fiel de la Cruz original. No se trata de negar el paso del tiempo, sino de recuperar la forma, la escala y el significado del elemento que durante siglos identificó ese lugar. Una copia respetuosa, ubicada en el sitio histórico o en un espacio cercano adecuado, acompañada de señalización educativa, devolvería a la comunidad el referente que le fue alterado.
Preservar no es un capricho nostálgico. Es un deber con la identidad de la ciudad y con las generaciones que vendrán. La Cruz de Mendoza no debió ser cambiada. Que su alteración, el silencio eclesiástico y la omisión institucional sirvan al menos para que nunca más un disparate similar desfigure un monumento de la memoria de Santo Domingo Este. Exijamos protección legal real de los símbolos católicos e históricos, la actuación responsable del Concejo de Regidores y de Efemérides Patrias, y la restitución de una réplica del original. La historia y la fe no se improvisan ni se reemplazan por ocurrencias costosas.







