
Si algo he entendido en “política”, de los pocos estudios que tengo al respecto y de lo estrictamente vivido, es que nada de lo que ves es real. Gracias a las enseñanzas de un amigo mentor, reformista y político de larga data al lado de Balaguer, aprendí que “casi todo lo que ves es simulación”, me advertía.
He tratado de comprender a Yayo, a quien en algunos momentos he creído ver destellos de buen comportamiento político, pues lo conozco incluso bastante.
Los líderes que aspiran a nivel nacional deben buscar desde temprano contar con seguidores en cada región del país. Por eso no logro entender que en Santo Domingo Este, Yayo no haya logrado adeptos, aun con la buena labor realizada por los que trabajaron con Gloria Reyes en esta zona, experiencias que parecen haber sido desaprovechadas en lo político.
Carolina posee un equipo aguerrido, el más grande y fogoso. David tiene una “riela” de insípidos sin tropa, pero que él puede pagar y en algún momento podrían generar alguna ola. Willinton tiene, creo, hasta diputados (si es que no han saltado). Pero Yayo no tenía a nadie.
Yayo llega tarde a la “repartición” de líderes y agarra lo peor: un alcalde al que el propio PRM le dice “el que todo lo quiere”, y que por buscar inscribirse con personas que no tenían la competencia para hacerlo —es decir, fraude— no puede aspirar a presidente del partido.
El hoy ministro, ayer director de Aduanas, se hace acompañar por el único alcalde que posee una gestión sometida al PEPCA, que somete a comunicadores y periodistas a la justicia por denunciar su mal gobierno, repleto de irregularidades, abusos, usurpación de funciones de otras instituciones, accionar trujillista de su policía municipal y al que el propio perremeísmo desprecia por haber “engatuzado” con promesas incumplidas a la militancia y a los dirigentes.
Yayo ha agarrado la peor opción, que para colmo, como canguro y en demostración de que no es leal a nadie, ya prometió lo mismo a los otros aspirantes a presidente.
Trato de entender a Yayo, pero no lo logro. Solo me queda la duda: que Yayo esté arriesgando su propia figura por verse y dejarse ver atado a un alcalde que le ha quedado mal a todos, que “cubrió” a todos y que seguro, mañana, dará una patada al propio partido si sus ambiciones no son cubiertas.
Sí, seguiré tratando de entender lo que parece ser el colmo de la estupidez o la torpeza política, pero quién sabe, tal vez el que no logra ver lo que está escondido sea yo.
Fernando Buitrago







