
Existen varios tipos de entes que trabajan en los medios y van desde la objetividad, incluso la agresividad, hasta la lambisconería humillante que lo empaña todo. Porque se puede estar de acuerdo o no con la actuación de alguien, pero de ahí a comportarse como simples lambones, va mucho.
Hoy, el alcalde no posee ni un solo ente de la prensa que valga dos pesos. Todos son, sin excepción, una vergüenza para la comunicación y nunca, estoy seguro, se acercarían al significado real de la palabra periodismo.
Cuando no eres capaz de criticar algo mal hecho, cuando tus comentarios suelen verse como tapaderas de malas conductas, la lambisconería termina siendo tan cómplice como las malas actuaciones de los administradores de la ciudad.
Una ciudad verdaderamente asquerosa, llena de perros callejeros, de ratas y lixiviados, con el cementerio abandonado, las tarifas de las funerarias más caras que las privadas, deudas de prestaciones, abusos contra la prensa, cobros ilegales de arbitrios, mercados abandonados, parque ecológico urbano en ruinas, una ciudad llena de huecos, administración opaca, caótica, cuestionada, sometida al PEPCA y una policía municipal abusadora que se cree “guardias”. Tienen en el resto de la comunicación a algunos entes malolientes que matizan la fauna de mercenarios que llegan a las administraciones a servirse del dinero público, siempre dispuestos a venderse al próximo “incumbente”, porque eso es lo que son, nada más.
Un amigo me dijo que ya él “ni les conoce” y a mí, eventualmente, me mandan los excrementos que dicen ser artículos, donde mutuamente se lamben entre ellos como perros aliándose el ano, identificándose entre sí porque nadie que se respete se liga al estiércol que dice ser “comunicadores” y “dizque medios”: pica pica con micrófonos y muy poco, casi nulo, ínfimo conocimiento de algún tema. Solo van oliendo el dinero como vampiros al cuello del funcionario de turno.
Como las «p-tas» cambiarán, mas temprano que tarde, de cliente, como los mercenarios cambian su «target» si les pagan, así será el destino de los adulones del Alcalde que, cuando pase su «tiempo» posiblemente terminen trabajando para los «sepultureros de él, como el cuento de escorpión y la rana, las promiscua de la comunicación no pueden abandonar su naturaleza.
Quien sea adulado por loa lambones debe saber que, nadie les da play por su falta de credibilidad pero además, les deberá una factura.
Mejor me devuelvo y sigo en lo mío, esperando que mis buenos amigos cuiden de enviarme lo que no ando buscando, porque no «leo ni veo porquerías.







