Por segunda vez en pocos meses, la Biblia del «Monumento a la Biblia» en Santo Domingo Este ha desaparecido. Un símbolo de gran valor religioso e histórico vuelve a ser sustraído sin que las autoridades competentes ofrezcan una sola explicación.
Cuando ocurrió el primer robo, el comunicador Fernando Buitrago fue de los primeros en denunciar la desaparición. Lejos de ser agradecido por visibilizar el hecho, su rostro fue expuesto en programas de televisión como «El Show del Mediodía», donde fue señalado como posible difamador. En ese mismo espacio, uno de los allegados al alcalde Dioris (Dío) Astacio llegó a preguntar públicamente: “¿Y por qué ese hombre aún no está preso?”
Hoy, la historia se repite. La Biblia ha sido robada nuevamente y, una vez más, Fernando Buitrago es de los pocos que alza la voz. El silencio de las instituciones es ensordecedor.
Ni la Alcaldía de Santo Domingo Este, ni los pastores evangélicos, ni la Iglesia Católica, ni la prensa nacional o local han emitido un pronunciamiento exigiendo respuestas. El mismo alcalde que se declara defensor de los valores cristianos no ha dicho ni una palabra sobre el paradero de la Biblia ni sobre las medidas de seguridad del monumento que está bajo su responsabilidad.
Preguntas sin respuesta
- ¿Cómo es posible que un monumento público sea robado dos veces en tan corto tiempo?
- ¿Por qué la Alcaldía, responsable de su custodia, no rinde cuentas?
- ¿Dónde está la Biblia ahora?
Todo parece indicar que Fernando Buitrago tenía razón tanto en la primera ocasión como en esta segunda. Aquellas denuncias que le costaron ser expuesto y señalado públicamente como “difamador”, hoy se validan con los hechos.
La pregunta que hace Alfonso Cabrera es directa y legítima: ¿Dónde está la Biblia?
Es hora de que la Alcaldía de Santo Domingo Este deje de guardar silencio y responda con transparencia. El pueblo merece saber qué está ocurriendo con uno de los símbolos más importantes de la ciudad y por qué su custodia ha fallado nuevamente.
El intento de callar a quienes denuncian parece no haber funcionado. La realidad, una vez más, termina exponiendo lo que algunos quisieron ocultar.







