
En un claro ejercicio de control de narrativa, la Alcaldía de Santo Domingo Este, bajo la gestión actual, ha optado por restringir sistemáticamente los comentarios de los ciudadanos en la mayoría de sus publicaciones en redes sociales.
Lejos de promover una comunicación abierta y transparente con la población, las cuentas oficiales de la alcaldía parecen estar dedicadas casi exclusivamente a vender una imagen pulida y positiva del alcalde, mientras se evita a toda costa el escrutinio público. Publicación tras publicación, los comentarios quedan limitados o desactivados por completo, especialmente en aquellos contenidos donde se promocionan obras, supuestos logros o actividades del incumbente.
Esta práctica no es casual. Refleja una estrategia deliberada: priorizar la imagen por encima de la rendición de cuentas. Mientras la alcaldía invierte recursos en mostrar una gestión supuestamente exitosa, les niega a los ciudadanos el derecho más básico en una democracia: expresar sus opiniones, quejas y denuncias en los mismos espacios que la institución utiliza para comunicarse con ellos.
Vecinos que intentan cuestionar la falta de solución al problema de la recogida de basura, el deterioro de calles, la proliferación de animales callejeros o la ineficacia de proyectos como la Casa del Firulai, se encuentran con la desagradable sorpresa de que sus comentarios simplemente no son permitidos.
Es más fácil ocultar las críticas que enfrentarlas y resolver los problemas.
Esta actitud revela una preocupante intolerancia a la discrepancia y un evidente miedo al rechazo ciudadano. Un gobierno local que teme los comentarios de su propia gente es un gobierno que ha perdido conexión con la realidad que dice administrar. En lugar de corregir lo que está mal, prefieren censurar la voz de quien lo señala.
La Alcaldía de Santo Domingo Este parece haber olvidado que las redes sociales no son un mural de propaganda unidireccional, sino un espacio de interacción. Restringir los comentarios no hace desaparecer los problemas; solo demuestra que se tiene más interés en cuidar la imagen del alcalde que en resolver las necesidades reales de la ciudadanía.
Mientras sigan más preocupados por “vender” al alcalde que por gobernar con transparencia y resultados, seguirán silenciando a quienes más deberían escuchar.







