Es hora de llamar a las cosas por su nombre: el calibreo de motos —esa peligrosa práctica de levantar la rueda delantera y realizar acrobacias a alta velocidad— no es “destreza”, ni “tigueraje”, ni una simple imprudencia juvenil. Es una actitud delincuencial y, por sus consecuencias reales, genocida.
De igual forma, las motos que, con el pretexto de “adelantar”, se suben a las aceras a toda velocidad, poniendo en riesgo a peatones, niños, ancianos y personas con discapacidad, deben ser tratadas con la misma dureza. Ambas prácticas son expresiones de la misma cultura de irresponsabilidad y desprecio por la vida ajena.
Cada fin de semana, feriados o en plena hora pico, decenas de motociclistas realizan calibreos imprudentes o se trepan a las aceras para adelantar, circulando entre vehículos, peatones y familias. Lo que para ellos es un “show” o una forma de llegar más rápido, para la sociedad representa un riesgo mortal. Al perder el equilibrio o atropellar a alguien, estas maniobras terminan en caídas violentas, colisiones, lesiones graves y muertes evitables.
Esta práctica no solo pone en peligro la vida del propio conductor, sino la de terceros inocentes que caminan por donde deberían estar protegidos.
La ministra de Interior y Policía, Faride Raful, ha sido clara y contundente sobre este tema. Ha advertido que las motocicletas utilizadas para calibrar y correr ilegalmente son prácticamente “armas mortales”, y que aquellas que se suban a las aceras o crucen semáforos en rojo serán detenidas. Además, ha recordado que el nuevo Código Penal contempla sanciones severas, incluyendo penas de hasta 15 años de prisión para quienes participen en carreras clandestinas y calibreen motocicletas.
Aunque estas conductas ya están tipificadas en el nuevo Código Penal como infracciones graves, la sola existencia de la ley no es suficiente. Es imprescindible que la Policía Nacional aplique inteligencia para “cazar” a estos irresponsables. Deben utilizar las cámaras de seguridad de avenidas, intersecciones y sectores donde estas prácticas son recurrentes, identificar a los infractores y proceder con sometimientos ejemplares.
Es urgente una campaña responsable y sostenida de sometimientos a la justicia. Multas elevadas, decomiso inmediato de la motocicleta, suspensión de la licencia y penas de cárcel para los reincidentes deben aplicarse sin titubeos, tanto a quienes calibreen como a quienes se suban a las aceras.
Estas conductas son claramente delincuenciales porque:
- Violando de forma flagrante las leyes de tránsito y el Código Penal.
- Se realizan de manera abierta y desafiante, mostrando desprecio total por la vida de los demás.
- Generan un ambiente de inseguridad y caos vial.
- Normalizan una cultura de imprudencia y muerte.
La tolerancia social y policial ha sido excesiva. Ver a grupos haciendo calibreos o invadiendo aceras mientras las autoridades observan pasivamente ya no puede seguir siendo normal.
No más excusas.
No más “es que son jóvenes”, “tenían prisa” o “no pasó nada esta vez”.
Cada acto de este tipo permitido es una ruleta rusa con la vida de todos.
El calibreo de motos y la invasión de aceras por motocicletas son actos de barbarie vial.
Y como tal deben ser tratados: con mano dura, inteligencia policial, uso de tecnología de vigilancia y una campaña firme de sometimientos que deje claro que en las calles dominicanas la vida y la seguridad de los ciudadanos valen más que cualquier “show” o prisa.







