PLD en SDE, entretenido en campañas insípidas mientras el caos se come la ciudad de Santo Domingo Este

Mientras las calles de Santo Domingo se llenan de montañas de desperdicios, malos olores, vectores y riesgos sanitarios, la dirigencia del Partido de la Liberación Dominicana en la capital y el Gran Santo Domingo tiene la mirada fija en otra cosa: la disputa interna por quién será el candidato presidencial de cara al 2028.

No es un secreto. El partido ha avanzado con protocolo, lista de aspirantes, comisiones y consulta programada. Nombres se mueven, alianzas se tejen y se destej en, y la energía política se concentra en quién se impone dentro de la estructura morada. Francisco Javier García, Gonzalo Castillo, Francisco Domínguez Brito y otros se perfilan en una carrera que ya ocupa titulares, reuniones y recorridos. Todo eso ocurre mientras en barrios y avenidas la basura se acumula, los contenedores se desbordan y los ciudadanos enfrentan a diario el mismo paisaje de abandono.

La ciudad no espera. En sectores de Santo Domingo Este la acumulación de residuos se ha convertido en una constante. Calles con basura, lixiviados, malos olores y protestas vecinales no son anécdotas aisladas. Son el resultado de una gestión deficiente de los residuos sólidos que afecta la salud pública, el entorno y la dignidad de quienes viven y trabajan aquí. La opacidad en el manejo de contratos, la lentitud en las soluciones y el abuso de una administración que parece priorizar otras agendas solo agravan el cuadro.

Y lo peor está por venir. Pronto los veremos llegar como «mesías» on discursos de “preocupación por el pueblo”, recorridos por los mismos barrios que hoy ignoran y promesas de “rescate” de la capital.
Hablarán de basura, de transparencia y de buen gobierno como si acabaran de descubrir el problema. Dirán que “el pueblo merece mejor” mientras durante años —o al menos durante esta etapa de precampaña interna— su principal inquietud ha sido quién controla la candidatura del partido.

No se trata de negar que la oposición tiene derecho a organizarse y a competir. Se trata de señalar una distorsión de prioridades. Cuando los líderes de un partido con peso histórico en Santo Domingo dedican su principal capital político a pelearse por la nominación de 2028, mientras la ciudad se hunde en basura, opacidad y desatención, el mensaje es claro: el poder interno importa más que el bienestar cotidiano de la gente.

Los ciudadanos no necesitan más mesías de temporada. Necesitan que quienes aspiran a representarlos demuestren, desde ya, que les importa la basura que se pudre en las esquinas, la falta de transparencia y el abuso administrativo. Porque si solo aparecen cuando la encuesta o la consulta interna lo exige, no son salvadores. Son oportunistas con discurso de rescate.

La basura no espera a 2028. La ciudad tampoco.

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