#Opinión

Un diputado de la Fuerza del Pueblo convoca para que la gente escuche mansamente “la nueva visión que tiene para cuando sea alcalde”. Pero las preguntas incómodas se imponen: ¿qué ha hecho usted por la ciudad? ¿Qué le debe la ciudad? ¿Cuántos proyectos ha sometido para frenar la destrucción de Santo Domingo Este a manos de una pandilla de envidiosos? ¿Cuál ha sido su accionar en la Cámara de Diputados que respalde estos nuevos cuentos de visiones sin cimientos?
Mientras tanto, el otro diputado —que al menos ha sacado un poco la cara— sigue sin someter iniciativas y mantiene en su staff a cómplices de la barbarie municipal.
En realidad, la Fuerza del Pueblo sigue sin conseguir preponderancia por su resistencia insípida e inexistente ante el saqueo, la incapacidad, las sobreevaluaciones y la barbarie que cunden en la ciudad, mientras persisten los jipetones con el tanque lleno.
Es demasiado temprano para la politiquería y las aspiraciones a la alcaldía. Es hora de jugársela, de hacer verdadera oposición y de demostrar que importa de verdad la vida de los ciudadanos, no de plantear visiones que luego quedan en papel.
La Fuerza del Pueblo adolece en muchos territorios del mismo problema: insipidez, tibieza y cobardía política.
Del otro lado está el PLD… sumergidos en su campaña interna, pero alejados de la protección del pueblo frente a los desalmados. No entienden que al pueblo lo agobian problemas ajenos a las elecciones y a la misma baba de siempre.
Luego queda el PRM, con la cabeza gacha, soportando todo “porque son del partido”. Pero igual saldrán del anonimato a la palestra cuando la ciudad ya esté en escombros: una revuelta de mediocridad y megalomanía, arropada por el desorden, la deshonestidad y la corrupción rampante, repitiendo los cánticos de que “somos el cambio del cambio”.
Al final, la política en Santo Domingo Este no le importa a nadie del pueblo (o casi a nadie). Los políticos pueden ir a MegaCentro un sábado por la mañana sin lambones y nadie les saludará. Porque en verdad viven de espaldas al pueblo: del jipetón a la casa y de la casa a la villa. Si entran donde está el pueblo, nadie les notará. Ni sus vidas ni su supuesto accionar político le importan a nadie.
A nadie importa.
Fernando Buitrago







