por J.J. Aguilera (el vigilante)
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¿Cómo se lidera un municipio cuando no se controla la propia tropa?

Resulta legítimo —y necesario— cuestionar cómo es posible que candidatos a alcalde de la Fuerza del Pueblo, todos actores políticos de Santo Domingo Este, permitan que regidores de sus propias tendencias realicen componendas políticas con el alcalde en funciones, DIO Astacio Estas conductas, visibles y reiteradas, dejan entrever la posibilidad de acuerdos soterrados que contradicen el discurso opositor y debilitan la coherencia del proyecto municipal que dicen representar.
La política exige claridad. Si un candidato a alcalde no puede ordenar su casa, ¿con qué autoridad moral pretende liderar un municipio La disciplina política no es autoritarismo; es coherencia programática, lealtad al mandato popular y respeto a la organización que se aspira a dirigir.
Los ejemplos están a la vista y merecen una explicación pública:
• Rafael Castillo, candidato a alcalde, y la actuación de su regidora Walkiria Medina.
• Carlos Gil, candidato a alcalde, frente a la conducta de su regidor Manuel Villanueva.
• Leandra Acosta: candidata a la alcaldía, y el comportamiento de su regidor Francisco Terrero.
Cuando regidores electos o aspirantes, identificados con candidaturas específicas de la Fuerza del Pueblo, aparecen votando, respaldando o facilitando iniciativas del alcalde DIO Astacio sin una postura política clara ni una explicación orgánica— se genera una pregunta inevitable: ¿se trata de decisiones individuales o de acuerdos políticos no transparentes?
La falta de una respuesta contundente por parte de los candidatos a alcalde alimenta la sospecha. Y en política, el silencio no es neutral: comunica. Comunica permisividad, debilidad de liderazgo o, en el peor de los casos, connivencia.
La ciudadanía demanda oposición responsable, firme y creíble. No basta con denunciar desde la tarima si, en los hechos, se permite que piezas claves de la estructura actúen en dirección contraria. La Fuerza del Pueblo tiene el reto de demostrar que puede gobernar con orden, ética y dirección política. Ese reto comienza por casa.
Si hoy no se puede controlar a un regidor, ¿cómo se controlará un ayuntamiento? Si hoy se toleran componendas, ¿qué garantías existen de que mañana no se normalicen?
La política municipal no puede seguir siendo un juego de dobles discursos. La transparencia y el liderazgo se ejercen, no se proclaman.



