Llegó al poder mediante un presunto fraude electoral en las primarias del PRM, que además buscó humillar al ganador en las urnas, el exalcalde. Para ello, se habrían secuestrado las urnas donde viajaba el voto. El candidato, un cantautor, apoyaba cinco candidaturas a regidores, mientras el actual alcalde, quien ocupaba el cuarto lugar en las encuestas y fue colocado en primero, impulsó solo una.
@galaoriental en #santodomingoeste hay un Alcalde que es una MAQUINA DE RESTARLE votos a @luisabinadercorona ♬ sonido original – galaoriental
Asumió la alcaldía en un proceso marcado por la proliferación de carpas ilegales cerca de los centros electorales y numerosas violaciones a las normas. El día de su toma de posesión, llegó en un ridículo carrito eléctrico, con una costosa puesta en escena que incluía alfombra roja, mientras se impedía que el alcalde saliente cumpliera con su obligación legal de presentar su informe financiero. Este declaraba haber reducido la deuda histórica, no haber incurrido en préstamos y haber dejado las finanzas saneadas, además de haber cuadruplicado las recaudaciones.

Dío Astacio inició entonces una millonaria campaña publicitaria, supuestamente para anunciar la limpieza de vertederos inexistentes, con el objetivo de desprestigiar a su antecesor. Hasta hoy, promueve su imagen en redes sociales con hashtags en cuentas institucionales y su apodo (Dío) en hojas membretadas, ahora reemplazadas por una supuesta marca ciudad que recuerda al logo y nombre de un jabón personal.
De campaña en campaña, de selfie en selfie y de mentira en mentira, ha transcurrido su gestión, prometiendo «ser el mejor alcalde» y presentando un plan denominado «SDE se Levanta», con un ridículo horizonte hasta el 2054, cuando incluso él sería anciano.
Llenó la ciudad de contenedores apestosos que, además de obstruir aceras, fueron colocados en medio de calles y avenidas, causando accidentes. Instaló reductores de velocidad («policías acostados») incluso en avenidas, contribuyendo al deterioro del parque vehicular, mientras descuidaba el cementerio municipal, que había sido un ícono de la gestión anterior.
En paralelo, la Policía Municipal se convirtió en un grupo acusado de actuar como paramilitar, cobrando multas a motoristas —como se evidenció en videos y fotos difundidos a nivel nacional— y decomisando vehículos sin claridad sobre el destino de los fondos recaudados.
La lista de violaciones a la ley y el caos institucional es extensa, incluyendo cancelaciones de militantes del PRM, retrasos en el pago de prestaciones y un escándalo por cobrar a motoristas por un registro ineficaz, incapaz de ser fiscalizado, con promesas ilegales de gestionar seguros de vida desde la institución, lo que constituye una violación a las normas básicas.
Sin embargo, el presidente no puede intervenir directamente, ya que se trata de un cargo electivo. El partido parece inmóvil para exigirle cuentas por los abusos contra su propia militancia y por el presunto uso del presupuesto municipal para un ambicioso golpe a las estructuras del partido, según denuncias respaldadas por convocatorias desde la alcaldía a eventos políticos para empleados públicos.
La gestión de Dío Astacio en la Alcaldía de Santo Domingo Este, caótica y señalada como violatoria de las normas más básicas de la Constitución, está protegida por medios de comunicación que reciben beneficios del presupuesto municipal y por una Policía Municipal que actúa como paramilitar, asumiendo funciones de INTRANT, Policía Nacional, DGCIM y Migración. Esto se ha convertido en un lastre para la gestión de Luis Abinader, quien se ve obligado a respaldarlo por ser un alcalde electo. A su vez, mancilla el nombre del PRM, un partido que el alcalde parece despreciar, convirtiéndose en una piedra en el zapato que todos quisieran remover, pero que, por su condición de electo, nadie puede reemplazar… por ahora.



