Santo Domingo Este, 23 de septiembre de 2025. Imagínese el descaro: usted, vecino de Los Mina o Villa Duarte, se desgasta en asambleas eternas, creyendo en un proceso “participativo” que promete canchas, parques o calles transitables. La Alcaldía de Santo Domingo Este monta el circo: aplaude, jura cumplir y saca fotos con picazos. ¿El resultado? Un golpe bajo: “se acabó el dinero”. Los fondos del Presupuesto Participativo Municipal (PPM) 2025, aprobados con bombos y platillos tras meses de reuniones comunitarias, se esfumaron. Las pocas obras iniciadas en Invivienda, La Ureña o Los Frailes son un desastre: retrasos, materiales de pacotilla y cero fiscalización. Esto no es un error; es un engaño vil de la Alcaldía, que vende ilusiones mientras los barrios se hunden en el abandono.
El colmo es la farsa administrativa. La ley obliga a reservar fondos para el PPM, pero el dinero prometido se desvaneció en gastos oscuros o deudas dudosas. Las partidas, que debían ser intocables, nunca estuvieron aseguradas. Peor aún, el sistema de juntas de vecinos está en ruinas: casi todas están desactualizadas, con directivas vencidas, violando la ley que exige su rol activo en la participación ciudadana. Los “cubiados” –delegados que sudaron priorizando proyectos– fueron usados como extras en un show sin presupuesto real.

La Alcaldía, que en 2024 se vendió como salvadora de los barrios, no tiene idea de cómo gobernar: promete “saldar deudas sociales” mientras los proyectos se pudren y el municipio se ahoga en promesas rotas.
Esto es un robo a la democracia. Los fondos del PPM, que debían ser sagrados, se perdieron en un cabildo que gasta más en propaganda que en soluciones. ¿Dónde está el dinero? ¿En sueldos inflados? ¿En vallas electoreras? La Alcaldía no rinde cuentas, solo suelta excusas y culpa al “contexto”.
Las obras en marcha, si es que existen, son un caos: sin avances, sin veedores, sin transparencia. Es una traición doble: no solo incumplen, sino que se ríen de la fe de los barrios. En un municipio que depende de transferencias estatales, dilapidar el PPM es dinamitar la confianza de la gente.
Basta de cuentos. Esto no es desorden; es una estafa descarada. La Alcaldía de Santo Domingo Este, experta en promesas vacías, ha convertido la participación ciudadana en una burla cruel. Las juntas de vecinos colapsadas y los “cubiados” hartos no son víctimas pasivas: son la chispa de una rebelión que crece. Si no hay auditorías públicas ya, si no se explica dónde está el dinero, el 2028 será un ajuste de cuentas.
Santo Domingo Este no merece migajas; merece un cabildo que no mienta. Los barrios no olvidan, y las urnas serán su veredicto implacable.
Y como guinda amarga, el exalcalde ya lo había advertido: “El desorden puede comenzar ahorita, pero tienen que esperar que yo me vaya”. Dicho y hecho.
El caos que dejó sembrado ahora florece, y los barrios pagan el precio de una Alcaldía que no sabe más que engañar.



